De Farruquito a Carpenter

Etiquetas: Noticias. Lo que pasa por el puto mundo
Las chusadas son tan indescriptibles como banales, y viven en el áspero límite de la frivolidad y la trascendencia más pseudointelectual. No creas ni una sola, solo disfrútalas...

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Siempre me ha parecido un peliculón "El hombre que pudo reinar". En ella, Sean Connery era confundido con la reencarnación de Alejandro Magno y llegaba a convertirse en todo un dios para sus seguidores a pesar de las recomendaciones de su fiel amigo, interpretado por Michael Caine, que intentaba explicarle que si el engaño se descubría aquello iba a acabar muy mal. Algo parecido está sucediendo en el Barcelona con el éxcentrico Samuel Eto'o. El genio camerunés cree estar tocado por los dioses y su excesivo ego le hace decir y hacer lo que le venga en gana sin ninguna consideración a su club ni a sus compañeros. El problema es que, al igual que en el film de Connery, Samuel no es ningún dios; si acaso un reflejo de uno creado por una afición necesitada de ídolos que tan pronto puede aclamar tu nombre como silbar con el estruendo furioso de la decepción. Eto'o se ha puesto él mismo en la pared de lapidamientos a pecho descubierto en una actitud que pretende ser de orgullo aunque haya resultado en pueril tozudez. Su desplante a Rijkaard es un error. Su crítica despiadada a Ronaldinho es un error. Su insulto a Sandro Rosell es un error. Sus exabruptos frente a los perplejos niños que lo rodeaban durante su improvisada rueda de prensa es un error. Su teoría conspiratoria de los grupos que no desean su regreso es un error. Todo ha sido un error. Lo peor de todo es que todos estos errores los ha cometido en frío, muchas horas después de su negativa a jugar el Domingo. Ahora que la crisis parecía un patrimonio exclusivo del Realísimo, Eto'o ha sembrado la discordia de una forma tan brusca e inesperada que ni siquiera su abrazo con Ronnie o las declaraciones del capitán Puyol intentando apagar los fuegos creados pueden borrar la sensación de desconcierto que sobrevuela el barcelonismo estos días.Etiquetas: El fútbol o el orgasmo
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r mis cualidades artísticas, había sido vapuleado y tan clarísimamente superado que mi presencia nerviosa delante de las fantásticas ilustraciones del Castigador que Óscar había colgado sonriente durante la mañana era una imagen dramáticamente patética. Aún quedé más descolocado al conocerlo porque detrás de aquel dibujante asombroso se escondía un auténtico genio que desbordaba personalidad por los cuatro costados. Podría hablaros largo y tendido de la calidad humana de Óscar Jiménez y me quedaría desproporcionadamente corto en mis descripciones. Siempre tiene una sonrisa para todo el mundo y no sabe lo que es el rencor a pesar de que lo normal sería que conservara un saco lleno a causa del daño que le han hecho a lo largo de todos estos años. Mozart tuvo un Salieri, pero a Óscar le tocó bailar con toda una verdadera legión de hijos de puta envidiosos que se agolpaban a su puerta esperando su caída mientras él se la abría a todo el mundo para invitarles a pasar. Tanto buitre y el carácter disperso y despistado que siempre
le acompañó acabaron por derrumbarle y alejarle de una profesión que siempre fué su ilusión, y que por culpa de su exceso de confianza y una situación personal complicada casi se convirtió en un pesado yugo. En el recuerdo queda su trayectoria en Flash, brillante a pesar del maltrato de sus lápices a mano de entintadores y coloristas mediocres, su impresionante anual de Ray, que contiene una de las mejores viñetas de Superman de la historia (incluso el puto Alex Ross quiso cambiar algunas de sus mejores páginas por ella, lo sé de buena tinta porque escuché la conversación), su saga de la JLA, la mejor de la colección de largo y uno de sus mejores trabajos y tantas otras cosas que nunca verán la luz y que harían sonrojarse a genios como Romita Jr o Brian Hitch.
Que Ronaldo es un juerguista de categoría no lo duda nadie. Desde su llegada al Realísimo la vida social del vestuario se multiplicó a ritmo Gremlin y el contacto de la plantilla con putones de relumbrón empezó a ser más habitual que los masajes musculares (ejem). Sus famosas fiestas de sociedad y su conocida pulsión gastronómica alimentó el mito del gordo putero y su fama de supernueve, ganada en el puente Barcelona-Brasil a base de golazos únicos, acabó tan truncada como su maltrecha rodilla interista. Que a aquel espigado brasileiro que despuntó en un perplejo PSV en la década de los 90 se le haya pasado a llamar "El gordo" tiene muchas explicaciones. A mí no es que me sorprenda demasiado porque la samba nunca casó bien con el dinero, y si a la mezcla le añades un asador donostiarra el resultado puede ser una transformación que no supera ni Jeff Goldblum. Capellos y capullos aparte, la carrera de Ronnie ha sido una pendiente abajo que a pocos gusta y muchos anunciaron.Etiquetas: El fútbol o el orgasmo
Salón del Cómic, me encontré con un puesto de Selecta Visión que ofrecía un porrón de dvds de manga a precio de saldo. Me llevé una peli de Lupin, otra de Street Fighter y otra por recomendación de mi novia que llevaba por título Golden Boy. Dejando a un lado la penosa calidad de la edición (por cinco eurillos tampoco nos vamos a poner tontos), esta última resultó ser un acierto total (puta suerte, claro). El caso es que después de ver el primer capítulo me dí cuenta de que hacía mucho tiempo que no me reía a carcajadas con un anime (la última fué con Bobobōbo Bōbobo), y eso es decir mucho.
Os aseguro que la serie es de partirse la caja pero a base de bien. Si mi chica no me llega a insistir en que la comprara habría pasado olímpicamente y me la habría perdido, y ahora no hago más que desear que publiquen los diez tomos que componen el cómic original en España (si es que no lo están ya). Y yo que detestaba el manga. Después de descubrir Death Note, Gantz, Vagabond o Bobobōbo Bōbobo más me vale callarme la boquita... Chsst!
En Kentucky, el oficial Rick Grimes y su compañero Shane mantienen un tiroteo en la carretera con un sospechoso. Cuando Grimes intenta buscar cobertura recibe un disparo fatal en el hombro. La próxima vez que abra los ojos lo hará meses después en una cama de hospital. Tras recuperar la conciencia descubrirá que el mundo está ahora habitado por muertos que caminan, ya nada volverá a ser igual. Este es el punto de partida de The Walking Dead, un cómic de Robert Kirkman y Tony Moore, que nos devuelve ese olvidado género de Zombies que tanta fama tuvo en otra época gracias al maestro Romero.
miniscencias a cierto personaje Marvel, y en especial por su serie Invincible, que ha generado grandes críticas y ha llevado a la Paramount a comprar sus derechos de cara a una más que posible adaptación cinematográfica. Tony Moore es más desconocido y sus trabajos más importantes han sido series como Battle Pope o la más reciente The Exterminators en la serie Vértigo de DC Cómics. Ha estado nominado en dos ocasiones a los premios Eisner, y aunque no ha llegado a ganar ninguno su calidad está fuera de toda duda. A partir del número siete americano lo releva en el puesto Charlie Adlard, con un estilo más cercano a Matt Wagner, y los resultados siguen siendo excelentes. Adlard es aún más desconido que Moore, pero habrá quien recuerde sus lápices para Judge Dredd o Hellblazer. Como digo, el relevo es acertado y, aunque prefiero al bueno de Moore, el dibujo de Adlard sigue siendo excelente y muy ajustado a los guiones de Kirkman.